Saltar al contenido
Roman Prokashev.

8 min de lectura

Lo que el deporte me enseñó sobre la preparación de presentaciones

Presentar con claridad es una de esas habilidades que de verdad pueden marcar la diferencia en una carrera profesional.

Para cualquiera en una posición de liderazgo, es absolutamente necesaria. Para cualquiera que aspire a una, es una habilidad imprescindible. La capacidad de explicar una idea con claridad, conseguir apoyo para un proyecto nuevo o mostrar el impacto de tu trabajo ante audiencias distintas puede cambiar cómo se percibe lo que haces.

Soy un gran aficionado al deporte y, con el tiempo, empecé a notar lo mucho que se parece la preparación de una presentación a un entrenamiento.

No te vuelves bueno corriendo, nadando, levantando pesas o haciendo dominadas solo por leer sobre la técnica. Mejoras practicando, repitiendo, corrigiendo errores y volviendo a intentarlo.

Hablar en público funciona de una manera muy parecida.

En este artículo quiero compartir varias cosas que aprendí sobre presentaciones a lo largo de mi carrera, y por qué creo que prepararlas tiene mucho en común con el deporte.

1. La práctica marca la diferencia

Suena trivial, pero sigue siendo el punto más importante.

Cuantas más presentaciones haces, mejor se te dan.

Es como cualquier ejercicio. Para hacer una dominada limpia, necesitas hacer cientos. Quizá miles. Al principio, cada movimiento resulta difícil. Después, tu cuerpo empieza a entender qué hacer.

Con presentar pasa lo mismo.

Si presentas una vez cada dos años, es fácil sentirse desbordado. Lo que está en juego parece enorme, la sala parece más grande de lo que es y los nervios pueden tomar el control.

Pero si presentas cada mes o cada dos meses, poco a poco se convierte en un hábito. Cada nueva presentación se vuelve un poco más fácil. Los nervios no desaparecen del todo, pero la emoción empieza a sustituirlos más a menudo. Te sientes más cómodo estando en el punto de mira.

Los discursos mejoran en el escenario, no solo sobre el papel.

Puedes preparar un buen guion, pero en algún momento tienes que ponerte de pie y decirlo en voz alta delante de gente. Ahí es donde ocurre la mejora real.

2. En tus primeras presentaciones, prepárate de más

Existe el consejo habitual de que no deberías aprenderte la presentación de memoria.

En general, estoy de acuerdo.

Si simplemente memorizas el texto completo, puedes volverte demasiado dependiente de la redacción exacta. Si olvidas una frase, puedes quedarte en blanco. También puedes sonar robótico si no has practicado bien la puesta en escena.

Pero para tus primeras presentaciones daría un consejo ligeramente distinto: prepárate de más.

Cuando eres nuevo hablando en público y estás muy nervioso, saberte la presentación casi de memoria puede ayudar. No porque sea el mejor método a largo plazo, sino porque te da estabilidad cuando todavía no tienes suficiente experiencia.

Otra vez, es como en el deporte. Los principiantes suelen necesitar más estructura. Más repetición. Más control. Después, cuando la técnica se vuelve natural, hay más espacio para la flexibilidad.

Lo mismo se aplica a las presentaciones.

Al principio, la preparación da confianza. Cuando sabes qué viene después, te sientes más seguro. Cuando te sientes más seguro, hablas mejor.

Más adelante, con más práctica, el objetivo no debería ser memorizar cada palabra. Ya tienes la memoria muscular. El mejor objetivo es conocer muy bien la estructura, los puntos clave, las transiciones, la apertura y el cierre.

La confianza viene de la preparación, no de la personalidad.

3. Elimina todo lo innecesario

Una diapositiva debe tener un único mensaje claro.

Todo lo demás debería eliminarse.

Lo mismo se aplica a la presentación entera. Si no puedes resumir tu charla en una frase, probablemente todavía no está lo bastante clara.

Cada vez que ensayes, recorta las palabras innecesarias. Quita las diapositivas que no apoyan el punto principal. Borra los detalles que son interesantes pero no útiles para la audiencia.

Esto se parece mucho al deporte.

En cualquier movimiento, los pasos innecesarios desperdician energía. Si te estás preparando para una carrera u otro reto físico, tu energía es valiosa. No quieres gastarla en movimientos que no ayudan.

Con las presentaciones pasa lo mismo.

No intentes meter en las diapositivas todo lo que sabes. Los textos largos complican tu preparación y diluyen la atención de la audiencia. Tu objetivo no es demostrar todo el volumen de tus conocimientos. Tu objetivo es ayudar a la gente a entender el mensaje principal.

Cuanto menos material innecesario tengas, más fuerte se vuelve la presentación.

4. Practica en voz alta, no solo en tu cabeza

Repasar mentalmente una presentación es útil.

Pero no es suficiente.

Una presentación que suena clara en tu cabeza puede sonar completamente distinta cuando la dices en voz alta. Algunas frases serán demasiado largas. Algunas transiciones resultarán poco naturales. Algunas palabras serán difíciles de pronunciar. Algunas partes irán mucho más rápido o más lento de lo esperado.

Por eso necesitas practicar en voz alta.

No una vez. Varias veces.

En el deporte, la visualización puede ayudar. Pero ningún atleta mejora solo imaginando la ejecución perfecta. En algún momento, el cuerpo necesita hacer el movimiento.

Las presentaciones funcionan igual. Tu boca, tu voz, tu respiración y tu ritmo también necesitan práctica.

Grabarte también es útil. Es incómodo, pero potente. Notarás de inmediato cosas que no percibes mientras hablas: la velocidad, una articulación poco clara, palabras repetidas, transiciones débiles, falta de pausas, gestos nerviosos.

El análisis en vídeo también es incómodo para los atletas. Pero funciona.

5. Entrena las partes débiles por separado

En el deporte no siempre entrenas el movimiento completo de principio a fin.

A veces trabajas ejercicios específicos por separado. El agarre. La respiración. El juego de pies. Las transiciones. El equilibrio. La velocidad.

Las presentaciones pueden entrenarse de la misma manera.

Si hablas demasiado rápido, practica hablar más despacio. No solo durante la presentación completa, sino con fragmentos pequeños de texto.

Si te cuestan las transiciones entre diapositivas, practica solo las transiciones.

Si tu apertura es floja, repite la apertura varias veces.

Si pierdes energía al final, practica la parte final por separado.

Este enfoque es mucho más eficaz que repetir la presentación entera una y otra vez sin entender qué es exactamente lo que necesita mejorar.

Encuentra la parte débil y entrénala directamente.

6. Calienta antes de empezar

Antes de una presentación, calienta.

No solo mentalmente, también físicamente.

Tu voz es parte de la actuación. Tu articulación importa. Tu respiración importa. Tu postura importa.

No necesitas nada complicado. Di unas cuantas frases en voz alta. Mueve un poco la cara. Exagera la articulación. Habla un poco más alto de lo normal. Comprueba que tu voz está despierta.

Puede parecer extraño, pero ayuda.

En una conversación normal podemos hablar bajo, acortar palabras y apoyarnos en el contexto. En una presentación, sobre todo en una sala grande o en una reunión online, eso no basta. La gente necesita oírte con claridad sin esfuerzo extra.

Una articulación clara también te hace sentir más en control.

Igual que en el deporte, el calentamiento no garantiza una ejecución perfecta. Pero saltárselo rara vez ayuda.

7. Revisa tu equipo

Los detalles técnicos parecen pequeños hasta que fallan.

Revisa la sala con antelación si puedes. Entiende dónde vas a estar de pie, cómo funciona la pantalla, si el mando de diapositivas funciona y cómo es la configuración del sonido.

Pon el teléfono en modo avión. Desactiva las aplicaciones que puedan enviar notificaciones. Cierra las pestañas innecesarias. Asegúrate de que está abierta la versión correcta de la presentación.

Esto también se parece mucho al deporte.

No corres una media maratón mientras chateas en el móvil. Tampoco estrenas zapatillas el día de la competición.

La presentación en sí ya es suficiente presión. No añadas encima problemas técnicos evitables.

8. La audiencia no es tu enemiga

La gente normalmente no viene a tu presentación esperando que falles. Quiere aprender algo, entender algo o tomar una decisión.

Le interesa tu área, tu proyecto, tu experiencia o tu punto de vista.

No está ahí para analizar lo nervioso que estás.

Así que preséntate desde la posición de alguien que tiene algo útil que decir.

Esto no significa fingir que lo sabes todo. Significa respetar tu propia experiencia y el valor de tu mensaje.

La perfección no conmueve a la gente. La energía sí. La claridad sí. La conexión sí. La autenticidad sí.

Un pequeño error no arruinará tu presentación. La falta de claridad probablemente sí.

9. Los nervios son parte del juego

Estar nervioso es normal.

De hecho, sería extraño no sentir nada antes de una presentación importante. Los nervios significan que la situación te importa.

El deporte está lleno de esta sensación. Antes de una carrera, un partido o un intento difícil, siempre hay algo de tensión. El objetivo no es eliminarla por completo. El objetivo es gestionarla.

Lo mismo ocurre al hablar en público.

El cerebro suele sobreestimar los riesgos. Te dice que cada pausa es demasiado larga, que cada error se nota y que todo el mundo se da cuenta de todo. En realidad, la mayoría de la gente nota mucho menos de lo que crees.

Respirar ayuda. Las pausas ayudan. Ir más despacio ayuda.

Antes de una frase importante, haz una pausa. Date un segundo. A ti te parecerá más largo que a la audiencia.

No necesitas eliminar los nervios por completo. Necesitas mantener el control suficiente para transmitir el mensaje.

Conclusión

Preparar presentaciones se parece mucho más a entrenar de lo que mucha gente piensa.

Necesitas repetición. Necesitas ejercicios específicos. Necesitas calentar. Necesitas eliminar los movimientos innecesarios. Necesitas revisar tu equipo. Necesitas aprender a gestionar los nervios cuando llega el momento.

Las buenas presentaciones no se construyen solo en las diapositivas.

Se construyen con la práctica.

Puedes leer sobre hablar en público, ver a grandes oradores y analizar presentaciones potentes. Todo eso es útil. Pero en algún momento, tienes que presentar.

Una y otra vez.

Así es como se desarrolla la habilidad.

La IA me ayuda a pulir la redacción. Las ideas, las observaciones y las opiniones son mías, y nacen de mi trabajo dentro de equipos de marketing.

Comentarios